Tras la pausa impuesta por la emergencia derivada de los incendios forestales que arrasaron amplios sectores del Biobío, el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) resolvió reactivar la tramitación de proyectos de inversión, retomando el funcionamiento regular del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA).
Entre las iniciativas reactivadas se encuentra el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) del llamado Proyecto de Desarrollo Minero de Extracción de Arcillas para Producción de Concentrado de Tierras Raras, que pretende emplazarse en las comunas de Penco y Concepción. La decisión, adoptada mientras aún se contabilizan daños materiales y sociales por el megaincendio, ha generado una fuerte incomodidad a nivel local.
Desde el SEA señalaron que las condiciones excepcionales que motivaron la suspensión ya no impedirían el normal desarrollo de los procesos administrativos. “Se alzó la medida provisional que suspendió la evaluación en el contexto de los incendios. Dado lo anterior, el proceso continúa su curso de manera regular”, indicaron, fijando el 24 de abril como fecha límite para el término de la evaluación.
Reconstrucción versus agenda extractiva
En la Municipalidad de Penco, la lectura es diametralmente distinta. El alcalde Rodrigo Vera cuestionó la pertinencia de retomar una tramitación de alta complejidad ambiental mientras la comuna sigue enfrentando las consecuencias directas del desastre.
El jefe comunal fue enfático en marcar una línea clara entre la lógica administrativa del Estado y la realidad territorial. Según señaló, la prioridad absoluta del municipio sigue siendo la reconstrucción y la protección de las familias damnificadas.
“Hoy no podemos distraer ni recursos ni atención en otros procesos mientras tengamos vecinos sin soluciones habitacionales, expuestos a la llegada del invierno”, sostuvo Vera, subrayando que todos los equipos municipales continúan desplegados en las zonas afectadas.
Para el alcalde, avanzar en debates extractivos en este contexto transmite una señal equivocada: “La seguridad, la dignidad y el derecho a una vivienda son hoy más urgentes que cualquier cronograma administrativo”.
Desconfianza ciudadana y temores ambientales
En los barrios de Penco y Lirquén, la reactivación del proceso no ha sido recibida con tranquilidad. Para muchos vecinos, hablar de “normalidad” resulta prematuro cuando la emergencia sigue presente.
Luis Mardones, residente del centro de Penco, cuestionó la rapidez con que se retoma la evaluación ambiental tras una catástrofe de esta magnitud. “Nos preocupa que se avance como si nada hubiese pasado”, afirmó, poniendo el foco en los riesgos hídricos y en el volumen de extracción proyectado: 320 toneladas de arcilla por hora en zonas cercanas a los cerros.
En Lirquén, la preocupación se centra en el patrimonio natural. Elena Alarcón, vecina del Barrio Chino, advirtió sobre el impacto potencial en el bosque nativo y en especies vulnerables como el naranjillo (Citronella mucronata), considerado un “pulmón” ecológico de la zona. “Si esto se aprueba, la restauración no puede quedar solo en promesas escritas”, señaló.
Oportunidad económica bajo condiciones
Existen, no obstante, voces que reconocen el atractivo económico del proyecto, aunque con reservas. Jorge Iturra, vecino de la comuna, valoró la posibilidad de empleo y el rol de las tierras raras en tecnologías asociadas a la transición energética. Sin embargo, advirtió sobre riesgos estructurales, como la necesidad de desviar un tramo del oleoducto Hualpén–San Fernando de ENAP.
“Eso abre preguntas legítimas sobre seguridad y planificación. Además, la participación ciudadana debe ser real, no un trámite para cumplir”, recalcó.
Una faena de alto impacto
El proyecto contempla una operación minera de gran escala, con tres zonas de extracción —Victoria Norte, Luna y Maite—, una planta de procesamiento de arcillas iónicas y un área de disposición de residuos denominada Neptuno. Se proyecta una producción anual cercana a las 3.100 toneladas de concentrado de tierras raras.
La iniciativa incluye además infraestructura eléctrica propia, caminos internos y la modificación de 1,22 kilómetros del oleoducto de ENAP. Según la empresa, el sistema de intercambio iónico permitiría recircular agua y sulfato de amonio, facilitando una eventual restauración del terreno.
El valor irremplazable del naranjillo
El debate trasciende lo vecinal. El doctor Carlos Baeza, director del Departamento de Botánica de la Universidad de Concepción, subrayó el valor científico y ecológico del naranjillo, especie endémica y vulnerable.
“Es un linaje antiguo, con millones de años de historia, que cumple funciones ecosistémicas clave. Está fragmentado y bajo presión constante”, explicó. Su fruto es fundamental para la fauna local, lo que convierte cualquier intervención en su hábitat en una decisión de alta sensibilidad ambiental.
En medio de una emergencia aún abierta, la reactivación del proyecto de tierras raras reabre una tensión de fondo: si el Estado es capaz de detenerse para atender una tragedia humana, o si la lógica extractiva vuelve a imponerse incluso cuando el territorio aún humea.

