CHINA ENDURECE SU LEY CONTRA ABUSOS A MENORES

Loreto Parodi
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Mientras en gran parte de Occidente los delitos sexuales contra menores quedan atrapados en procesos judiciales extensos, acuerdos de inmunidad y prescripciones —con el caso Epstein como símbolo de esas grietas—, China optó por una respuesta diametralmente opuesta: tolerancia cero, penas máximas y aplicación expedita.

Desde 2021, con la Enmienda XII a su Código Penal y nuevas interpretaciones judiciales reforzadas en 2023, el Estado chino redefinió su marco legal frente a la violencia sexual infantil. La reforma no solo endureció drásticamente las condenas —incluyendo cadena perpetua y pena de muerte en casos considerados especialmente graves—, sino que eliminó atenuantes, amplió agravantes y cerró espacios de discrecionalidad judicial. El mensaje es explícito: no hay margen para la indulgencia ni para la demora.

La legislación va más allá del castigo individual. China incorporó delitos vinculados a la explotación sexual en línea, estableció registros públicos de condenados, prohibió su reinserción laboral en entornos vinculados a menores y trasladó parte de la responsabilidad al entorno institucional. Escuelas, hospitales y organismos públicos están legalmente obligados a denunciar sospechas en plazos estrictos, bajo amenaza de sanciones penales. La ley funciona así no solo como instrumento judicial, sino como mecanismo de control social preventivo.

Las cifras reflejan la decisión: aumento sostenido de condenas, campañas masivas contra delitos sexuales digitales y casos de penas máximas ejecutadas con alta visibilidad pública. Frente a ello, el contraste con sistemas occidentales resulta incómodo. Donde unos priorizan garantías procesales incluso a costa de la impunidad percibida, China privilegia la rapidez, el castigo ejemplar y la disuasión total.

El enfoque chino no está exento de controversia. Plantea dilemas éticos sobre proporcionalidad, derechos humanos y el uso político del derecho penal. Sin embargo, también expone una pregunta que muchas democracias evitan enfrentar: ¿cómo garantizar justicia efectiva y oportuna para las víctimas de pedofilia sin que el sistema termine protegiendo a los victimarios?

China ya respondió con una decisión radical. El resto del mundo, entre el escándalo y la cautela, sigue debatiendo.

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