Un equipo de antropólogos de la Universidad de Magallanes acaba de cambiar lo que se sabía sobre el arte rupestre en la región: por primera vez, se registran grabados, no pinturas, en Sierra Baguales, al noreste del Parque Nacional Torres del Paine, a escasos kilómetros del límite con Argentina. El hallazgo fue publicado en la revista arqueológica Comechingonia por los doctores Víctor Sierpe González y Cristóbal Palacios Cárdenas.
Los vestigios se concentran en dos sitios bautizados OG1 y OG2, en homenaje al informante local Osvaldo G. Abarzúa. En el primero, sobre un alero de arenisca junto al río Baguales, aparecen una figura circular de casi siete centímetros y un esquema tridígito que evoca la pisada de un ave, ambos ejecutados mediante piqueteo y raspado. El segundo contiene un motivo antropomorfo incompleto, interrumpido por una fractura natural de la roca.
Lo que distingue este descubrimiento no es solo la técnica, ya que la percusión sobre piedra no tenía precedentes en el lado chileno de esta latitud, sino lo que revela sobre movilidad cultural. Los grabados presentan paralelos directos con sitios del Campo Volcánico Pali Aike, en Santa Cruz, Argentina, lo que apunta a redes de circulación de tradiciones entre grupos a ambos lados de la cordillera. Cronológicamente, las estimaciones los sitúan entre 4.800 y 300 años antes del presente, dentro del periodo de ocupación intensiva por sociedades cazadoras-recolectoras vinculadas al pueblo Aonikenk.
OG1 se ubica a pocos metros de talleres líticos y chenques, estructuras funerarias indígenas. La proximidad no parece casual: el arte rupestre integraba el mismo paisaje ritual que la muerte y la manufactura de herramientas.