La gripe aviar H5N1 se ha expandido completamente por la Antártida, encendiendo las alertas científicas por el riesgo que representa para uno de los ecosistemas más frágiles del planeta. Lo que hasta hace poco era una advertencia aislada hoy es una realidad confirmada: el virus amenaza directamente a pingüinos, aves marinas y mamíferos marinos que habitan el continente blanco, considerado hasta ahora uno de los últimos refugios libres de esta enfermedad.
Especialistas advierten que la alta concentración de colonias y la falta de defensas naturales frente a este patógeno podrían agravar su impacto. La transmisión habría ocurrido a través de aves migratorias desde América del Sur, en un contexto marcado además por el aumento del turismo, la actividad científica y las alteraciones en las rutas migratorias producto del cambio climático. El avance del virus abre un escenario crítico para la biodiversidad antártica.