Un nuevo episodio de mortalidad masiva golpea a Chiloé. El Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca) confirmó la muerte de 283 toneladas de salmones en el centro Traiguén 2, operado por Invermar S.A., en la comuna de Quinchao. La empresa atribuyó el evento, ocurrido el 12 de febrero, a una baja de oxígeno en el agua, fenómeno que habría afectado cerca del 10% de la biomasa total del recinto. La compañía activó su plan de contingencia y comenzó el retiro de los peces hacia una planta reductora.
Aunque la autoridad calificó el hecho como parte de “dinámicas oceanográficas ocasionales”, organizaciones ambientales advierten que lo ocurrido no es un episodio aislado, sino un síntoma estructural de un modelo intensivo que presiona al límite los ecosistemas marinos. Agrupaciones como Áreas Protegidas sin Salmoneras y Defendamos Patagonia sostienen que la sobrecarga de peces en jaulas genera acumulación de desechos orgánicos, eutrofización y consumo crítico de oxígeno, condiciones que terminan por asfixiar el mar.
Las 283 toneladas reportadas representan una cifra alarmante en sí misma, pero las organizaciones cuestionan si el impacto real se reduce únicamente a lo declarado. Advierten que estos eventos incrementan la vulnerabilidad de especies nativas, afectan la pesca artesanal y profundizan procesos como mareas nocivas y degradación del fondo marino. En ese contexto, exigen el freno a la expansión salmonera en áreas sensibles, el retiro de concesiones en zonas protegidas y una investigación independiente que determine responsabilidades y eventuales sanciones.
Para las comunidades costeras, el episodio reabre una pregunta de fondo: cuánto más puede resistir el mar interior de Chiloé bajo un esquema productivo que convierte cada crisis ambiental en un “evento puntual”, mientras los efectos acumulativos siguen creciendo.