El método: aplicar cianobacterias cultivadas en laboratorio sobre tableros de paja dispuestos en patrón de cuadrícula. En 10 a 16 meses, estos microorganismos —presentes en la Tierra desde hace 3.500 millones de años— forman una costra biológica que estabiliza la arena, retiene nutrientes y reduce la evaporación del agua.

Los resultados en el primer año son contundentes: aparición espontánea de líquenes y musgos, retención de nitrógeno y fósforo, y en pruebas de laboratorio, una reducción superior al 90% en la pérdida de suelo por viento.
Pero no es una solución infalible. La costra resiste el viento, no la actividad humana. Pisadas, neumáticos o sobrepastoreo pueden destruirla. Y no todas las dunas requieren intervención.
Lo que sí demuestra es que la biotecnología aplicada a microorganismos puede acortar décadas de restauración ecológica a unos pocos años. No convierte el desierto en tierra agrícola de inmediato, pero crea la base viva necesaria para que la vegetación se establezca.