Los archivos judiciales vinculados a Jeffrey Epstein exponen un entramado sistemático de corrupción, tráfico sexual, violaciones y muertes que habría operado durante décadas en el corazón del poder occidental. En el centro de múltiples denuncias aparece el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mencionado de forma reiterada en varios testimonios.
Entre las acusaciones más graves figura el relato que sostiene que una niña de 13 años habría sido obligada a practicarle sexo oral a Trump en hechos ocurridos hace aproximadamente 35 años en Nueva Jersey. El testimonio describe violencia directa contra menores y señala que la víctima fue agredida físicamente durante el abuso. La misma denunciante afirma haber sido también abusada por Epstein.
Los documentos van más allá de un hecho aislado. Otros testimonios sostienen que Trump organizaba eventos privados en los que niñas pertenecientes a la red de tráfico sexual de Epstein eran “subastadas” ante hombres adultos. Estas reuniones, según las denuncias, se realizaban en Mar-a-Lago y eran presentadas como fiestas exclusivas. Las víctimas relatan prácticas de abuso sexual reiterado, coerción y violaciones, atribuyendo responsabilidad directa a Trump.
Un testimonio adicional sitúa al mandatario estadounidense en una fiesta con miembros del Cártel de Sinaloa, donde —según la denuncia— una joven habría sido asesinada. El episodio es descrito como parte de un entorno de impunidad, violencia extrema y vínculos entre crimen organizado, poder político y redes de explotación sexual.
La magnitud del material liberado refuerza la gravedad de las acusaciones: más de 3 millones de páginas, 2.000 videos y 180.000 imágenes forman parte del archivo. Lejos de limitarse a Epstein, los documentos delinean una estructura transnacional de abuso, con participación de figuras influyentes del mundo político y empresarial.


