batallas. Entonces entendí que no hay ningún derecho, ni las 8 horas de trabajo, ni las vacaciones pagadas, ni la educación pública, ni la salud pública, que haya venido con una cigüeña. Ha sido un camino que está pavimentado con muertos”.
Verdad y memoria
Su periodismo está atravesado por una convicción radical: “la verdad se hace con todos”. Por eso ha entrevistado incluso a quienes torturaron y mataron durante la dictadura civil-militar. “Aquí no sobra nadie”, dice. “No se habla del daño que se le hace no solo a las víctimas, también los que matan y torturan quedan dañados para el resto de sus días”. Y este ejercicio ha contribuido a comprender “la importancia de hacerlo: para que no se repita”.
-¿Cuál es su recomendación para los estudiantes de Periodismo de la Universidad de Chile?
“La ética no es un ramo teórico, sino un ejercicio de la mañana a la noche. Hay que aprender a respetar un off y tratar, por lo tanto, si es una información muy importante, de sacarla por otro lugar, pero siempre validada. Hay que aprender a respetar los miedos y los peligros de las personas, pero sobre todo sus dolores. La gente necesita empatía para contar su historia y no exagerar. Nuestra historia no merece que exageremos (…) Lo único que hay que buscar es hacer visible lo invisible”.
En ese sentido, su formación aparece como una base irrenunciable: “El rigor del hecho cierto que se busca, que se investiga, que se encuentra y que se comparte. A mí nunca nadie me quitará esa impronta”.
La universidad como fuente crítica
Al proyectar el rol de la Universidad de Chile hoy, su exigencia es clara: “Que sea la universidad que se necesita en el país (…) la fuente crítica”. Porque, en su experiencia, esa es su misión: “La universidad siempre ha sido la fuente crítica de una democracia”.
Y en tiempos de crisis de verdad, de desinformación y de fragmentación social, su llamado es a volver a ese origen: formar ciudadanos críticos. “Necesitamos educarnos en la pluralidad, en el entendimiento, en la comprensión, pero sobre todo en la ética de la verdad, del rigor”.
Mónica González Mujica no se define por premios ni por hitos individuales. Su identidad está en otra parte: en una forma de ejercer el periodismo. Una que nació en la educación pública y se desplegó en redacciones, archivos, cárceles, imprentas y comunidades. Una que, hasta hoy, se sostiene en una certeza simple y exigente: “El periodismo tenía que buscar verdades”.
Paz Escárate, Comunicaciones Alumni UCHILE. Fotografías: Mineduc y Alejandra Fuenzalida para Prensa U. de Chile