Veinte abuelas comparten recuerdos de otras épocas con 156 estudiantes de cuarto básico del Colegio Mayor Peñalolén, en una jornada que tuvo un libro como excusa.
En el encuentro surgieron conversaciones espontáneas sobre antiguos juegos y anécdotas guardadas durante décadas.
La actividad tuvo su origen en agosto, cuando los cursos trabajaron en la asignatura de Lenguaje con Mi abuela, la loca, novela juvenil del escritor José Ignacio Valenzuela. Para acercar el texto a experiencias reales, el colegio invitó a cuatro abuelas por curso a contar cómo fue su infancia y qué significa para ellas su rol actual en la familia.
“Uno de los momentos más emocionantes fue cuando ellas les explicaron a los estudiantes el significado de ser sus abuelas”, relató Pamela Torres, una de las profesoras a cargo. Según explicó, la instancia también buscaba que los alumnos aprendieran a escuchar y valorar las historias de vida de los adultos mayores.
Entre las invitadas estuvo Doris Padilla, de 67 años, quien recordó los juegos de su niñez y desafió al curso a calcular su edad a partir del año en que nació. El momento que más la marcó ocurrió al final de la jornada.
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“Mi nieta se acercó y me dijo: ‘No te mueras nunca, Pita’. Me abrazó y me puse a llorar”, contó. Para ella, abrir estos espacios tiene un valor adicional: “Podemos aportar experiencias que pueden ser muy valiosas para la nueva generación”.
María Loreto Cruz Larenas, de 66 años, aseguró que las preguntas de los niños la hicieron viajar en el tiempo hasta sus propios años de colegio, con una infancia de juegos en plazas y largas jornadas al aire libre. Al terminar, sus nietos gemelos la esperaban con galletas y una tarjeta.
También la conmovió otro detalle: varios estudiantes cuyas abuelas no estaban presentes se acercaron igual a saludar y abrazar a las invitadas.
Niza Arenas, de 63 años, resumió la jornada con una frase. “Volvería una y mil veces a participar de esta actividad, me encantó”.