Comunidad lickanantay demanda proyecto minero que amenaza las fuentes de agua del Salar de Tara

La comunidad indígena lickanantay de Toconao presentó una demanda ante el Primer Tribunal Ambiental de Antofagasta para frenar el proyecto minero «Prospecciones Aida», impulsado por la empresa Minera Plata Carina SpA, filial de la canadiense Endeavour Silver Corp. La iniciativa contempla la realización de ocho perforaciones de exploración en las cercanías del Salar de Tara, una zona considerada sagrada y de enorme valor ecológico para el norte de Chile.

Según reportó Mongabay Latam, las obras se desarrollarían en el cerro Tata Poquis, ubicado a más de 4.500 metros de altitud, donde nacen las vertientes subterráneas que alimentan el río Jere y abastecen de agua al oasis agrícola de Toconao. La inversión estimada del proyecto alcanza los 1,1 millones de dólares.

La controversia se agudizó luego de que la Dirección Ejecutiva del Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) aprobara la iniciativa el pasado 20 de marzo de 2026, pese a que en enero de 2025 la Comisión de Evaluación Ambiental de Antofagasta había rechazado el proyecto.

Para la comunidad, el riesgo es claro: las perforaciones podrían afectar las cabeceras de cuenca de las que depende su supervivencia.

“Nosotros no frenamos el desarrollo. Hemos llegado a acuerdos complejos con el Estado por la explotación del litio en el Salar de Atacama, pero nuestra línea roja de resistencia era que no nos tocaran las cabeceras de cuenca que utilizamos para vivir”, afirmó Leticia González, ingeniera agrónoma e integrante de la comunidad de Toconao.

El conflicto judicial tuvo un nuevo capítulo el 13 de mayo, cuando el Primer Tribunal Ambiental ordenó la paralización de las faenas. Sin embargo, apenas 13 días después, la medida cautelar fue levantada a solicitud del SEA y de la empresa.

La decisión causó indignación entre los habitantes de Toconao. “Nos tomó por sorpresa el levantamiento de la medida cautelar, la cual consideramos que fue resuelta entre cuatro paredes”, señaló César Bravo, abogado de la comunidad, quien presentó un recurso de reposición para exigir una audiencia pública.

Un ecosistema único y protegido

El Salar de Tara es uno de los ecosistemas más frágiles y valiosos del altiplano chileno. Se encuentra protegido bajo la categoría de Sitio Ramsar y forma parte de la Reserva Nacional Los Flamencos. Además, constituye un hábitat fundamental para la reproducción y nidificación de las tres especies de flamencos que habitan en Chile.

La científica Cristina Dorador advirtió que el Salar de Tara es “un tesoro patrimonial de la humanidad que tenemos que proteger”, alertando sobre las consecuencias ambientales que podría tener la intervención minera en la zona.

Pero la amenaza no solo es ecológica. La comunidad también teme la pérdida de especies medicinales como la tola, la chachacoma y la chuquicandia, utilizadas ancestralmente en ceremonias de pago a la tierra y al agua, prácticas que forman parte de la identidad espiritual y cultural del pueblo lickanantay.

No es la primera vez que la empresa enfrenta cuestionamientos. En 2019, otro de sus proyectos de exploración, denominado «Cerro Márquez», fue detenido por la Corte Suprema en la Región de Arica y Parinacota.

Hoy, en Toconao, los carteles de rechazo siguen instalados. Para sus habitantes, la defensa del Salar de Tara va mucho más allá de un conflicto minero: se trata de proteger el origen de su agua, su cultura y la posibilidad de seguir habitando el desierto más árido del mundo. “Sin agua no hay oasis, y sin oasis no hay comunidad”, es el mensaje que resuena entre quienes aseguran estar dispuestos a defender este territorio hasta las últimas consecuencias.