Durante cinco días y cinco noches, mientras la lluvia, el frío y la incertidumbre se apoderaban de los bosques de Quellón, hubo alguien que nunca dejó sola a Doris Chiguay. No llevaba un equipo de rescate ni un uniforme de emergencia. Era Cheme, su perro, su compañero de vida y, desde hoy, el héroe más querido de Chiloé.
La desaparición de Doris Chiguay, de 54 años, movilizó a toda la región de Los Lagos. La mujer se extravió el pasado 14 de junio en el sector de San Juan de Chadmo, cuando salió a buscar animales en una zona rural junto a su esposo y su mascota. Al perder contacto con ella, su familia presentó una denuncia por presunta desgracia, dando inicio a una intensa búsqueda encabezada por equipos de emergencia, vecinos y voluntarios.
Pero mientras decenas de personas la buscaban desde afuera, Doris no estaba sola.
A su lado permanecía Cheme, quien la acompañó durante toda la angustiante travesía. En medio del bosque, la mujer recorrió varios kilómetros intentando encontrar una salida y logró sobrevivir alimentándose de raíces y frutos silvestres. En cada paso, en cada noche de frío y en cada momento de incertidumbre, su fiel compañero de cuatro patas se mantuvo junto a ella.
La historia tuvo un final feliz cuando Doris consiguió llegar hasta las cercanías de la Escuela de Quilen, donde finalmente pudo ser encontrada. Sin embargo, el reencuentro no solo estuvo marcado por el alivio de ver a la mujer con vida, sino también por la imagen de Cheme, que emergió como símbolo de amor incondicional y lealtad.
Tras el rescate, la Municipalidad de Quellón informó que su equipo veterinario evaluó el estado de salud del can y anunció que continuará recibiendo atención profesional.
Desde el municipio destacaron que Cheme se ha transformado en un “símbolo de lealtad y compañía” para toda la comunidad.
Porque en medio del miedo, la lluvia y el aislamiento del bosque chilote, hubo un corazón que nunca se rindió ni se apartó de su dueña. Durante cinco días, Cheme hizo lo que los perros hacen mejor: quedarse. Acompañar. Esperar. Y demostrar que la lealtad, a veces, tiene cuatro patas y mueve la cola.