Antes que Egipto: el pueblo chileno que momificaba a toda su comunidad hace 7.000 años

Cuando pensamos en momias, a menudo nos vienen a la mente las icónicas imágenes de los faraones egipcios envueltos en vendajes. Sin embargo, ¿qué pasaría si te dijéramos que existen momias miles de años más antiguas que las famosas momias egipcias? En el Desierto de Atacama, en el norte de Chile, el pueblo Chinchorro desarrolló una tradición única de momificación hace más de 7.000 años, es decir, unos 2.000 años antes que los antiguos egipcios.

Un pueblo pescador que se asentó en el desierto más árido del mundo

Los Chinchorro fueron cazadores recolectores marinos que se asentaron en la costa del desierto de Atacama, aprovechando los abundantes recursos que proporciona la corriente de Humboldt. Esta abundancia de materias primas les permitió generar asentamientos semipermanentes en las desembocaduras de los escasos ríos y quebradas de la zona, con una tecnología marítima especializada cuyas frágiles evidencias se preservaron gracias a las excepcionales condiciones climáticas del norte de Chile.

Reconocimiento de la UNESCO

En julio de 2021, el Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO incluyó los Asentamientos y la Momificación Artificial de la Cultura Chinchorro en la Lista del Patrimonio Mundial, convirtiéndose en el séptimo sitio chileno en integrar este listado, junto a otros como el Parque Nacional Rapa Nui, las Iglesias de Chiloé y el barrio histórico de Valparaíso. El sitio inscrito consta de tres componentes: el faldeo norte del Morro de Arica, el sitio Colón 10 -ambos en la ciudad de Arica- y la desembocadura de Camarones, en un entorno rural unos 100 kilómetros al sur.

Un enfoque democrático de la momificación

En marcado contraste con la práctica egipcia, reservada para la élite, los Chinchorro convirtieron la momificación en un ritual accesible para toda la comunidad, incluyendo niños, mostrando un enfoque democrático para honrar a los fallecidos. Según explicó el investigador Bernardo Arriaza, director del Centro de Gestión Chinchorro de la Universidad de Tarapacá (UTA), muchos de estos cuerpos corresponden a miembros de la comunidad que morían prematuramente, en algunos casos intoxicados por el arsénico presente en el agua de la zona.

El arte de la momificación Chinchorro

Divergiendo del método egipcio, la momificación Chinchorro implicaba la extracción de la piel y los órganos, seguida de la reasignación de la piel sobre el cuerpo. Materiales elaborados como juncos, pieles de leones marinos y lana de camélidos adornaban los cuerpos, creando una obra visual única. Rostros cubiertos de arcilla con máscaras cuidadosamente elaboradas, con aberturas para ojos y boca, añadían un toque artístico. Completando el conjunto, pelucas hechas de cabello humano adornaban las momias, enfatizando el respeto con el que fueron preparadas. “Son cuerpos que están muy finamente elaborados por especialistas; hay una sutileza, una obra maestra creativa de estas primeras poblaciones”, ha señalado Arriaza.

Un legado redescubierto en 1917

En 1917, el arqueólogo alemán Max Uhle documentó por primera vez una momia Chinchorro en una playa de Arica. En ese momento, la edad de estos especímenes era incierta, pero los avances en la datación por radiocarbono confirmaron eventualmente su extraordinaria antigüedad. Con el correr de las décadas, se han desenterrado cientos de momias en la región, algunas durante proyectos de construcción y otras por la propia erosión del terreno, enriqueciendo aún más la comprensión de esta antigua civilización.

Un museo para preservar el legado

Una de las grandes amenazas que enfrentan los sitios Chinchorro es el cambio climático: al ser desenterradas por distintos eventos climáticos, las momias quedan vulnerables al desgaste, la humedad, el crecimiento de moho y el daño causado por insectos. Con el fin de proteger las momias y todos los artefactos de valor arqueológico, se construyó el Museo Antropológico San Miguel de Azapa, ubicado a 12 kilómetros de Arica, en un terreno de casi 12 mil metros cuadrados del campus Azapa de la Universidad de Tarapacá. El proyecto, ejecutado por la empresa Cosal, contempló una inversión superior a los $19.600 millones de pesos y una edificación de 4.953 metros cuadrados, financiada a través del Plan Especial de Desarrollo de Zonas Extremas y aportes del Ministerio de Obras Públicas.

Las comunidades de Arica, que han convivido durante generaciones con estos vestigios arqueológicos, los consideran parte esencial de su patrimonio, asumiendo un rol activo en su preservación y protección. Actualmente, la Corporación Chinchorro Marka administra y protege estos sitios declarados Patrimonio Mundial. Según cifras de la Cámara de Turismo de Arica, durante 2025 el Museo de Azapa recibió cerca de 42 mil visitantes, mientras que el sitio Colón 10 superó las 9 mil visitas anuales.

El desafío de convertir la ciencia en experiencia turística

Especialistas del sector turístico local han planteado que, pese a contar con un patrimonio irrepetible, Arica aún enfrenta el desafío de transformar Chinchorro en una experiencia cultural capaz de competir a nivel mundial, considerando que -a diferencia de las momias egipcias- su valor es principalmente científico y no estético, lo que exige un trabajo adicional de puesta en valor y difusión.

A pesar de las amenazas del cambio climático, los esfuerzos por salvaguardar este tesoro arqueológico continúan en marcha, asegurando que el legado de los Chinchorro perdure para las generaciones venideras y siga conectando a los visitantes con uno de los capítulos más fascinantes de la historia humana.