El Tribunal Popular Intermedio de Hangzhou falló la semana pasada que las empresas chinas no pueden despedir trabajadores con el único fin de reemplazarlos por inteligencia artificial. La sentencia establece un precedente legal directo contra el uso de la automatización como excusa para despedir trabajadores y recortar costos laborales, según documentos judiciales recogidos por NPR, Bloomberg y Xinhua.
El caso lo presentó Zhou, supervisor de control de calidad contratado en noviembre de 2022 por una empresa tecnológica para vigilar el funcionamiento de modelos de lenguaje. Su trabajo consistía en verificar la precisión de las respuestas generadas por estos sistemas y filtrar contenido ilegal o que vulnerara la privacidad de los usuarios. Cuando el propio software fue capaz de asumir esas funciones, la empresa intentó degradarlo a un puesto inferior con un recorte salarial del 40%. Zhou rechazó la oferta y fue despedido bajo el argumento de “reestructuración organizativa”, menores necesidades de personal y disrupción tecnológica.
La compañía le ofreció un paquete de indemnización que Zhou rechazó. Acudió primero a un proceso de arbitraje, donde obtuvo un primer fallo a favor. La empresa apeló y perdió en tribunales de distrito antes de llegar al Tribunal Popular Intermedio, que también desestimó su defensa. Los jueces fueron tajantes: ofrecer un puesto alternativo con una rebaja salarial tan extrema era injustificado, y las razones esgrimidas por la empresa no se ajustaban a las circunstancias legales que permiten dar por terminado un contrato de trabajo en China.
Es el segundo fallo en esta línea. En diciembre de 2024, un tribunal laboral en Pekín ya había rechazado el mismo argumento en el caso de un trabajador de cartografía de datos reemplazado por un sistema automatizado. Aquella resolución estableció que sustituir personal por IA era una elección comercial de la empresa, no un evento incontrolable, y que por tanto la compañía no podía trasladar el riesgo de la transición tecnológica a sus empleados.
Para Wang Xuyang, abogado del bufete Zhejiang Xingjing ajeno al caso, la lectura es clara: “la adopción de IA no justifica automáticamente que una empresa rescinda un contrato laboral para reducir costos”. Las empresas pueden capturar las ganancias de eficiencia que ofrece la automatización, pero deben asumir las responsabilidades sociales que vienen aparejadas.
El fallo se inscribe en un equilibrio delicado que intenta sostener el Partido Comunista Chino. Por un lado, el Estado financia agresivamente a sus empresas tecnológicas para liderar la carrera global por el dominio de la inteligencia artificial. Por otro, debe proteger la estabilidad laboral en un contexto de economía doméstica desacelerada, desempleo juvenil persistente y la presión financiera derivada de la guerra de Irán.
El contraste con el modelo occidental es evidente. Mientras las grandes tecnológicas estadounidenses y europeas anuncian despidos masivos amparándose en la incorporación de IA —Microsoft, Meta, Google, Amazon y Salesforce han recortado decenas de miles de puestos invocando la “transformación tecnológica” como justificación—, la justicia china está cerrando esa puerta. La innovación tecnológica, según los tribunales de Hangzhou y Pekín, no es carta blanca para evadir las protecciones laborales, y los costos de la transición no se descargan automáticamente sobre el trabajador.