La profesora con cáncer que le dio una lección al Estado: “Sobrevivir no debe depender de una campaña en redes sociales”

La Corte Suprema ordenó al Estado costear el medicamento que Ercilia Sanhueza necesita cada 21 días para seguir viviendo. Durante casi dos años, su familia ha tenido que reunir más de siete millones de pesos por cada dosis. El fallo trae un respiro profundo, pero también deja en el aire una pregunta incómoda: ¿por qué en Chile sobrevivir a un cáncer metastásico sigue dependiendo del bolsillo o la capacidad de gestión de una familia?

Del aula a la batalla por la vida.

Fue en diciembre de 2023. Ercilia acababa de jubilar tras toda una vida dedicada a la enseñanza en el Colegio Santa Luisa de Concepción. Empezaba por fin ese tiempo anhelado, sin timbres ni horarios rígidos: la tranquilidad del hogar, el regaloneo con los nietos, el grupo de guitarra de adultos mayores.
Entonces llegó la noticia.
“Fue para mí devastador recibir el diagnóstico de cáncer de mama grado IV, con metástasis pulmonares”, escribe Ercilia con letra pausada, en una hoja cuadriculada, respondiendo a las preguntas de nuestra revista. “Fue un quiebre, un antes y un después en una vida que transcurría gozando de mi etapa como profesora jubilada”.
Desde ese momento, su calendario se transformó en ciclos de 21 días. Ese es el intervalo exacto con el que necesita una dosis de trastuzumab deruxtecan (Enhertu®), la terapia indicada para su tipo de cáncer HER2+ metastásico que permite prolongar la sobrevida y mantener su calidad de vida. ¿El problema? Cada dosis supera los 7 millones de pesos y no cuenta con cobertura de Fonasa.

La familia como motor y trinchera
Cuando los ahorros se agotaron, no quedó más alternativa que pedir ayuda. Así nació la campaña “Ercilia Quiere Vivir”, impulsada por su marido, Óscar Sáez, y sus hijos Óscar y Aliosha.
•”Todo esto no lo hubiera podido enfrentar sin el apoyo de mi familia”, relata Ercilia. “Ellos han sido fundamentales con su presencia, cariño, preocupación y gestionando campañas para lograr reunir los recursos económicos”.
Hay una frase que ella anota  como un amuleto guardado en el momento más oscuro: “Si tú no quieres o no puedes luchar, nosotros lucharemos por ti”.
“Ellos han sido mi fuerza cuando he bajado los brazos”, confiesa. “Son el motor que me hace seguir enfrentando esta enfermedad con esperanza y fe”.

El valor real de una dosis
Al preguntarle qué significa ese fármaco, Ercilia no recurre a términos médicos. Habla desde lo cotidiano, desde lo que realmente importa.
“Esta droga significa para mí una mejor calidad de vida y la alegría de seguir compartiendo con mi familia, hermanos y amigos momentos hermosos que a veces no valoramos”, “significa la posibilidad de seguir con mis quehaceres de ‘dueña de casa’ y participar en mis grupos de guitarra de adultos mayores, que tanto me gustan”, “seguir viviendo la vida con fe y esperanza”.

El triunfo en los tribunales
El camino legal no fue sencillo. En un inicio, la Corte de Apelaciones de Concepción rechazó el recurso de protección. Pero la familia no bajó los brazos e insistió ante el máximo tribunal del país.
Finalmente, la Corte Suprema revocó la decisión y ordenó al Estado financiar el tratamiento, acogiendo el derecho fundamental a la vida.
Para Ercilia, la resolución fue un alivio inmenso:
“Recibir este fallo significó un ‘respiro’, tranquilidad, sin tener el estrés de reunir los $7.208.340 para cada ciclo. Sentí que se hizo justicia en un caso de vida o muerte, ya que se estaba vulnerando mi derecho a la vida como lo consigna la Constitución”.

La espera y una promesa con sentido social
Aunque el fallo histórico ya está firmado, la burocracia tiene sus propios tiempos: la familia aún no ha sido contactada por el sistema hospitalario para hacer efectiva la entrega de la droga. Por ello, la campaña sigue activa para no interrumpir ni un solo día el tratamiento.

Además, la familia asumió un compromiso transparente y solidario: una vez que el Estado asuma el costo, el saldo restante recaudado en la campaña será donado a otros pacientes que atraviesen la misma pesadilla económica.

Una puerta abierta para los demás
El caso de Ercilia evidencia una falla estructural. Cuando un medicamento de alta eficacia queda fuera de la cobertura estatal, la sobrevida de un paciente se traslada a variables ajenas a la medicina: cuántos eventos a beneficio puede organizar una familia, qué tan viral se vuelve una publicación en Instagram o si se cuenta con los recursos para pagar la asesoría de un abogado.
Ercilia lo sabe y por eso no quiere que su historia sea solo una excepción afortunada:
“Que no bajen los brazos, que sigan luchando. Que den a conocer sus casos en redes sociales y no pierdan la esperanza. Que mi caso sea la puerta para otros pacientes. El Estado debe velar por cumplir la Constitución, que dice que todos tenemos derecho a la vida”.

Con la serenidad y firmeza de la profesora que fue durante décadas, Ercilia concluye su mensaje dejando una última lección: que nadie vuelva a tener que ganar un juicio para poder seguir viviendo.
Información de la campaña:

La iniciativa “Ercilia Quiere Vivir” continúa activa mientras la sentencia no se ejecute en el sistema de salud. Puedes seguir y apoyar la causa en Instagram: @ercilia.quierevivir.