Humedales en Valdivia logran amortiguar el impacto del sistema frontal

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Las intensas lluvias que han afectado al sur de Chile en las últimas semanas volvieron a poner en evidencia el papel estratégico que cumplen los humedales para reducir el impacto de eventos meteorológicos extremos. En la Región de Los Ríos, un reciente sistema frontal dejó más de 250 milímetros de precipitaciones en Valdivia y acumulados superiores a 300 milímetros en la comuna de Corral, provocando deslizamientos de tierra, crecidas de ríos, cortes de caminos y daños en viviendas.

Mientras la zona se prepara para un nuevo sistema frontal, la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) pronostica entre 40 y 70 milímetros de lluvia para sectores de la precordillera de la región. Sin embargo, pese a la magnitud de las precipitaciones registradas, la capital regional mostró una capacidad de respuesta superior a la esperada, en gran parte gracias a su extensa red de humedales urbanos y periurbanos.

Según explica Laura Araya, jefa del área de proyectos de la Fundación Kennedy, estos ecosistemas funcionan como verdaderas “esponjas naturales”, capaces de absorber y almacenar grandes volúmenes de agua durante los temporales.

“Los humedales retienen temporalmente el exceso de agua y permiten que esta se infiltre lentamente hacia las napas subterráneas, disminuyendo la velocidad con que escurre hacia calles, ríos y sistemas de evacuación”, señala.

Por su parte, Ignacio Rodríguez Jorquera, director ejecutivo del Centro de Humedales Río Cruces, advierte que el riesgo de inundaciones no depende únicamente de la intensidad de las lluvias, sino también de la forma en que se desarrollan las ciudades.

“La impermeabilización del suelo mediante pavimentos, calles y edificaciones impide que el agua infiltre naturalmente. Como consecuencia, el escurrimiento superficial aumenta rápidamente, elevando los caudales de esteros y ríos y favoreciendo las inundaciones”, explica.

El especialista añade que, frente a precipitaciones superiores a 100 milímetros, un terreno con cobertura natural y humedales puede infiltrar aproximadamente la mitad del agua caída. En contraste, en áreas altamente urbanizadas e impermeabilizadas, hasta un 90% del agua escurre rápidamente, sobrecargando la infraestructura y aumentando el riesgo de anegamientos.

Los expertos coinciden en que el aumento de los eventos climáticos extremos, asociado al cambio climático, hace cada vez más urgente proteger estos ecosistemas. Además de albergar una importante biodiversidad, los humedales cumplen funciones esenciales para la regulación hídrica, la recarga de acuíferos y la reducción del riesgo de desastres.

“Conservar y restaurar humedales no es solo una medida ambiental; es una decisión de planificación territorial que permite construir ciudades más resilientes frente al cambio climático y proteger a las comunidades ante futuros temporales”, concluye Araya.