Una investigación científica chilena estudia la relación entre el cochayuyo y el cáncer, analizando compuestos presentes en esta alga que podrían interferir en procesos asociados a la migración y metástasis de células tumorales.
El estudio analizó extractos de la alga parda chilena Durvillaea incurvata, conocida comúnmente como cochayuyo, y observó que sus componentes pueden afectar mecanismos metabólicos utilizados por células tumorales para obtener energía y desplazarse hacia otros tejidos.
La investigación, liderada por la doctora Layla Simón, del Centro de Investigación Avanzada en Nutrición y Salud (CIANS) de la Universidad Finis Terrae, fue desarrollada junto a investigadores de la Universidad de Chile, Universidad Santo Tomás y la Universidad Nacional de Córdoba, entre otras instituciones.
Los resultados fueron publicados en abril de 2026 en la revista científica Journal of Functional Foods, bajo el título “Brown seaweed extracts inhibit glycolysis and metastasis of cancer cells”.
¿Qué descubrieron los investigadores?
Uno de los principales focos del trabajo fue la glucólisis, proceso mediante el cual las células transforman glucosa en energía. Las células cancerígenas pueden aumentar este proceso metabólico para sostener su crecimiento, supervivencia y capacidad de migración.
Los investigadores observaron que los extractos de Durvillaea incurvata redujeron la glucólisis en células cancerígenas y disminuyeron su capacidad de migración en experimentos de laboratorio. El efecto se relacionó con una reducción de la actividad de la hexoquinasa, una enzima fundamental para el inicio de la glucólisis.
El estudio trabajó con líneas celulares asociadas a cáncer de mama y melanoma, incluyendo células MDA-MB-231 y B16-F10. Además, los investigadores realizaron experimentos en modelos animales, donde observaron una reducción del potencial metastásico de las células tratadas con los extractos.
Compuestos presentes en el cochayuyo
El interés científico se concentra, entre otros componentes, en los florotaninos, un tipo de polifenoles característicos de las algas pardas.
En los extractos analizados se identificaron carmalol y eckol como algunos de los florotaninos más abundantes. Los análisis computacionales realizados por el equipo también sugirieron que estos compuestos podrían interactuar con la hexoquinasa 2, aunque los propios investigadores advierten que todavía es necesario estudiar otros componentes y mecanismos involucrados.
El cochayuyo ya había sido objeto de investigaciones por su contenido de polifenoles y otras sustancias bioactivas. Trabajos anteriores también han estudiado métodos para recuperar y estabilizar sus florotaninos, reforzando el interés científico por esta alga presente en las costas chilenas.
Un resultado prometedor, pero todavía preliminar
Pese a los resultados obtenidos, los investigadores son enfáticos en que estos hallazgos no significan que el cochayuyo cure el cáncer ni que su consumo pueda reemplazar tratamientos médicos.
La evidencia disponible corresponde principalmente a experimentos realizados en células y modelos animales. Para determinar si los compuestos podrían tener una utilidad terapéutica en seres humanos, serían necesarios nuevos estudios, incluyendo investigaciones clínicas que permitan evaluar su seguridad, dosis, eficacia y posibles aplicaciones como tratamiento complementario.
La propia doctora Layla Simón había explicado que el objetivo de la investigación apunta a determinar si estos compuestos podrían eventualmente utilizarse como un nutracéutico o como tratamiento coadyuvante, siempre después de superar las etapas necesarias de investigación en humanos.
Desde una alga tradicional hacia nuevas aplicaciones científicas
El trabajo pone nuevamente en el foco al cochayuyo, un recurso tradicional de las costas chilenas, como fuente potencial de compuestos bioactivos que podrían ser estudiados para desarrollar nuevas herramientas contra enfermedades complejas.
La investigación representa una nueva línea para explorar el potencial de la biodiversidad marina chilena y sus aplicaciones en nutrición, biomedicina y desarrollo de futuros tratamientos, aunque todavía queda un largo camino antes de determinar si estos resultados experimentales pueden traducirse en beneficios concretos para pacientes.